TUMBA DEL SANTO ARI, RABI ISAAC LURIA, EN EL ANTIGUO CEMENTERIO DE TZFAT

RABI ISAAC LURIA

El "Santo Ari"

Rabbí Itzjak Luria Ashkenazi, popularmente conocido como el “Santo ARI “,  constituye uno de los más grandes Cabalistas de toda la historia y se le reconoce como autor de un método a través del cual la Cabalá, antes restringida a unos pocos consagrados estudiosos, se convirtió en una oportunidad abierta a todas las personas bien dispuestas al crecimiento espiritual. Por ello se habla incluso de la Cabalá Luriánica

Su vida está llena de asombrosos contrastes. Aunque apenas vivió 38 años le bastaron los últimos dos para transformar la espiritualidad judía abriendo las puertas para el acceso a la Cabalá. No escribió un libro pero sus enseñanzas, recogidas en obras inmortales por su discípulo Jaim Vital, constituyen un referente obligado para el estudio de la Cabalá. No fue un científico pero hizo planteamientos sobre el universo que la ciencia está ratificando cuatro siglos más tarde. Al final, aunque quiso que su pensamiento permaneciera oculto cuando el ya no estuviera para enseñarlo por miedo a ser incomprendido y generar confusión, este inmenso conocimiento se extiende cada vez más por el mundo entero como una ola imparable de luz. 

El Ari, nació en Jerusalén en el año 5294 (1534 de la era común) pero su madre, ante la muerte prematura de su esposo, Shlomó Ashkenazi, tuvo que emigrar con sus hijos a Egipto donde un hermano suyo le brindó apoyo. Cuando era adolescente llamó la atención por su conocimiento de la Torá y por su capacidad de comprensión. Fue estudiante del Rabinato Superior de Egipto (Radbaz) y a muy corta edad asombró a los sabios de la comunidad por sus impresionantes capacidades intelectuales. Durante su vida en Egipto, se mantenía gracias al comercio, pero dedicaba la mayor parte de su tiempo al estudio de la Cabalá. Según la historia, pasó siete años aislado en la isla de Roda en el Nilo, estudiando el Zohar, los libros de los primeros Cabalistas y los escritos de otro miembro de su generación, el "Ramak", Rabí Moisés Cordovero. Solía pasar a menudo extensos períodos de meditación en soledad. 
En Egipto se casó con una prima y con el soporte de su tío, el joven Itzjak pudo consagrarse al estudio del Talmud y dedicar largos períodos a la meditación y la contemplación del Creador y su gran gran obra maestra, el universo. Al transcurrir los años, el Arí se concentró en los escritos de la Cabalá, y comenzó a entender la verdadera misión que se le había asignado en el mundo, la de revelar los secretos de la Cabalá a todas y cada una de las almas, “Esta es la razón por la que bajó mi alma al mundo”, decía. Así, se dedicó fielmente a su trabajo de simplificar y adaptar la Cabalá para las generaciones venideras
Dos años antes de morir recibió el mandato espiritual, según la historia, por parte del Profeta Elías mismo quien le trasmitió la orden de trasladarse a Tzfat en el norte de Israel, centro reconocido de virtuosos místicos y estudiosos de la Cabalá, entre ellos el mencionado anteriormente, Ramak, a cuyo funeral asistió y según la tradición, fue el Ari, el único que pudo contemplar una columna de fuego que acompañaba el féretro, signo inequívoco de su designación como heredero del Ramak.
Apenas llegado a Tzfat en el año 1570 (Era Común), sin perder un minuto, empezó a impartir sus enseñanzas con palabras y hechos. Fueron famosas sus hermosas celebraciones a la “Reina del Shabat” en las cuales, acompañado de fervientes seguidores, expresaban su júbilo y éxtasis espiritual con danzas y cánticos en las colinas que rodean la ciudad. Estos cánticos se mantienen hoy en día en tres himnos que se entonan en las comidas del Shabat del viernes por la noche, el Sábado a medio día y la Seudá Shlishít, al culminar el día Santo de reposo. En ellos se exalta la unión del pueblo de Israel con la divinidad.

Sus enseñanzas fueron recogidas por sus discípulos, principalmente Rabi Jaim Vital, en diferentes escritos entre los cuales están "Etz Jaim" (El Arbol de la Vida), "Sha'ar Hakavanot" (El Portal de las Intenciones), "Sha'ar Haguilgulím" (El Portal de la Reencarnación) y "Shmone Shaarím” (Ocho puertas).

Entre los principales aspectos de la doctrina del Ari figura su idea de la Creación debida, de acuerdo con su interpretación del Zohar, el libro sagrado de la Cabalá, a una “contracción” (tzimtzum) de D-os gracias a la cual es posible la existencia del universo físico. Desde esa idea se sigue que todo está en conexión con la divinidad y que las acciones de los seres humanos son definitivas para apresurar la redención del mundo, el cual se encuentra inmerso en una contradicción permanente entre el bien y el mal y en un proceso de rectificación (Tikún) continuo encaminado a revelar la esencia de la Presencia Divina en él. 

Otro importante concepto radica en la explicación de que la creación la realiza D-os a través de las diez Sefirot, o emanaciones divinas, cuya interrelación es la fuente de la dinámica del universo. Según el Ari esto sucede no ya en forma evolutiva (como proponía la Cabalá de Cordovero) sino como una lucha constante producida en el descenso de la luz Divina a través de estos receptáculos desde el Creador Mismo. Este es el concepto del “árbol de la vida”, pieza clave de las enseñanzas de la Cabalá. 
Las enseñanzas del Arizal además de incluir explicaciones sobre la estructura del universo y la Creación, también describen el ciclo de las almas, el secreto de las letras Hebreas, la misión del ser humano en el mundo, la rectificación de éste y el futuro de humanidad. 
El Arizal explicó cómo tiene lugar la reencarnación; también aportó detalles acerca de las raíces de muchas almas conocidas y personajes de la historia narrada en la Torá. Se cuenta que con sólo ver a una persona podía visualizar fácilmente el origen primordial de su alma, los diferentes niveles de reencarnación y la finalidad de ella. Conocía el lenguaje de los animales, veía las “chispas divinas” fuentes de vida de toda criatura. Sus discípulos lo consideraban un verdadero “santo”.
Sus ideas fueron tan decisivas e innovadoras, que en nuestros días el estudio de la

Cabalá va de la mano del estudio de los escritos del Ari.
Así fue que El Ari abrió las puertas al comienzo de un período de estudio abierto y masivo de la Cabalá, un paso extremadamente importante en el proceso de redención final del mundo entero, y ante el cual nos encontramos próximos.